Eduardo Eurnekian: No sé si era aprender de los errores, no puedo entender bien. Creo que más bien era un poco eso de decir “pongo la frente alta, hay que luchar más, hay que redoblar el esfuerzo”.

¿En qué sectores de la empresa tuvo experiencia en esos primeros pasos?

Eduardo Eurnekian: Era la época de la posguerra, y la Argentina vivía un período de desarrollo y expansión económica muy fuerte. Europa estaba totalmente destruida y los planes que se pusieron en marcha para desarrollarla pasaban inevitablemente por la demanda de los productos argentinos. Por lo cual la pequeña y mediana industria creció muy fuertemente. Y en ese marco de crecimiento quedaban áreas en la industria de mi padre que estaban un poco desprotegidas, y es ahí donde empecé a trabajar fuertemente.

¿Por ejemplo?

Eduardo Eurnekian: En esos años se empezó con una fábrica de hilos de coser, pero luego se expande al área de telas e hilados. Mi padre comenzó a ser un fuerte productor de hilados. Empezó por hacer el hilo de coser y todos esos productos industriales, pero luego fue un paso hacia atrás, para hacer el hilado. Cuando él se dedicó a hacer la parte del hilado, dejó como secundario lo otro y es ahí donde entre yo, y lo expandí.

¿Detectó en esa época algunas habilidades particulares que después marcarían su desarrollo como empresario?

Eduardo Eurnekian: Ya desde el primer momento me interesaban tres cosas. Primero la productividad, era un enloquecido de la productividad. Segundo, la eficiencia, medía los pasos, trataba de que todo el mundo caminara lo menos posible, hiciera el recorrido más corto. Y tercero la comunicación. Estas tres cosas me nacieron muy espontáneamente.

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